Ya corté, ahora ¿Qué hago?

Estamos en plena temporada de corte, todo el esfuerzo de meses cuidando tus plantas llega a su clímax. Las germinaste, les buscaste un buen lugar para que crecieran y pudieran recibir las condiciones óptimas para su desarrollo, les brindaste cuanto amor fuera posible para después obtener de vuelta toda esa energía entregada. Un buen karma te espera, porque ellas se sacrificarán en pos de tu felicidad.

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Por Sr.Bigotes

Ya cortaste y ahora te enfrentarás a una etapa que puede llegar a ser crucial en el éxito de tu producción, y aunque es el último paso que debemos realizar, el secado, curado y envasado no es el más fácil ya que también debemos entender muy bien lo que estamos haciendo con estos procesos y cuales métodos nos servirán para lograrlo.

Antes de comenzar el secado y casi inmediatamente después de cortar los brazos de nuestra planta debemos separar la mayor cantidad de cogollos de la rama principal; es más, ojalá dejar la cantidad justa de la vara como para poder manipular cada rama que obtengamos. Con cada vara comenzamos la manicura; es importante que tengamos una buena tijera y ojalá que termine en punta para poder cortar con mayor precisión. Otra cosa importante es tener un poco de alcohol para limpiar las tijeras de la resina que se irá acumulando en este proceso, se volverán pegajosas y cada vez costará más abrirlas y cerrarlas. Con la tijera comenzamos a cortar las hojas más grandes dejando la menor cantidad de “palito” posible. Entre más material saquemos que no vayamos a secar, nuestra flor perderá humedad más fácilmente y de manera homogénea. Luego comenzamos a cortar todas las hojas que no contengan gran cantidad de resina. Algunas hojas concentran glándulas en la base de los foliolos, en este caso conviene cortar solamente las puntas de las hojas que no contengan resina, algo así como un corte de pelo. Con esto buscamos dejar los cogollos lo más uniformes posible, aunque hay excepciones como la rama principal, que generalmente uno quiere que sea descomunalmente grande, pero que son muy propensas a retener humedad en el centro y llenarse de hongos y moho.

El Secado

Con nuestros cogollos ya despojados de las hojas innecesarias debemos darle inicio al proceso de secado. Las condiciones que debemos generar son básicamente un lugar con buena ventilación, poca humedad, cálido y oscuro.

Nuestros frutos deben tener la mayor cantidad posible de superficie en contacto con el aire, recuerda que cualquier parte del cogollo que no tenga aire puede generar hongos gracias a la humedad presente en la planta; para evitarlo separemos lo más posible un cogollo del otro. La humedad promedio que debe tener el lugar donde estamos realizando el secado deber ser aproximadamente de un 35%, si lo estamos haciendo en algún lugar que no cuente con la humedad ideal podemos ayudarnos con un deshumidificador para mantener estable esta variable.

La temperatura del lugar también es fundamental, porque a pesar de lo que la lógica nos dicta, en este caso, mayor cantidad de calor no necesariamente es mejor para secar nuestra producción. La temperatura ideal no tiene que superar los 25 grados si queremos obtener el mejor sabor y aroma de nuestra cosecha. Y finalmente evitar la luz, porque las glándulas de THC se comienzan a degradar con la luz. Cumpliendo estas condiciones básicas nuestras florecillas deberán estar listas para pasar al curado alrededor de los 10 días.

Para secar existen muchos métodos y podemos elegir uno dependiendo de la cantidad que debemos secar; la más conocida y utilizada es hacer una línea con algún cordel y colgar ahí las ramas verticalmente “boca abajo” o sea con la punta del cogollo hacia el piso. Este método es muy parecido a secar ropa en un cordel, porque debemos percatarnos de que las flores no se topen entre sí para evitar la humedad en las partes de la flor que podrían tener contacto con otros cogollos. Este método es el más tradicional y ocupado por todos, porque es muy útil cuando tenemos grandes cosechas y un espacio que reúna las condiciones de humedad, temperatura, ventilación y oscuridad que mencionaba anteriormente.

Otro método, si no contamos con un lugar lo suficientemente amplio como para tener grandes hileras de weed secando, es crear una especie de jaula de secado, como esos tendederos plegables que hay en algunas casas, y colgar las varas verticalmente al igual que en la forma recién descrita pero en un espacio más reducido, Para las personas que cultivan en indoor o volúmenes más pequeños también hay una opción que permite utilizar poco espacio y proteger la cosecha de factores externos. Las mallas de secado nos ofrecen comodidad, eficiencia en el espacio y seguridad. La malla de secado funciona con pisos creados por una red que sostiene los cogollos, de esta forma en un mismo espacio podemos tener varios pisos con estas redes protegiendo y secando nuestra producción. Para los que les cuesta imaginárselas, hay unas mallas que venden para secar calcetines y que se cuelgan como las jaulas de pájaros pero hechos con una malla textil y con divisiones en su interior. Idealmente si escogemos este tipo de secado debemos separar los cogollos de la vara central, dejando puras papitas del tamaño más homogéneo posible, así podremos distribuirlas de la mejor manera en estas bandejas y obtener un buen resultado; ahora, si tienes un pequeño constructor dentro puedes crear una especie de armario y disponer soportes para insertar todas las bandejas que quieras e insertarle un pequeño sistema de ventilación que ayude a circular el aire en su interior.

El Curado

Después del proceso de secado, nuestras flores ya deberían tener alrededor de un 10% de humedad, pero el ideal es que llegue entre 6% y 8% . Para eso comenzaremos la segunda fase, el curado, que consiste básicamente en hacer que nuestra weed bote lentamente el exceso de humedad que le queda (que a esta altura debe ser muy poco) y pierda la clorofila que se mantuvo después del secado.

Durante estas dos etapas el THCA o Ácido Tetrahidrocanabinólico, pasa por un proceso de descarboxilación, los carboxilos se liberan en forma de C02 y se transforma en THC. Si se nos pasa la mano con el secado, mucho del THC de nuestra producción se oxidó convirtiéndose en CBN perdiendo potencia o simplemente se degradó, lo cual es una lástima.

En el curado nos aseguraremos de que los cogollos mantengan un mínimo de humedad, pero aparte de llevarnos al nivel ideal de humedad para un cogollo también ayuda a mejorar su aroma y sabor, porque los terpenos que componen la flor pasan por un proceso de isomerización, o sea los mismos átomos de los terpenos se configuran de forma distinta, dando como resultado sabores más maduros y definidos. Para poder realizar esta etapa podemos utilizar frascos de vidrio con cierre hermético, cajas de madera o tuppers plásticos, como mencionamos previamente; la idea es hacer que pierda humedad lentamente para no pasarnos y terminar fumando un polvo verde. Para eso almacenaremos nuestra weed ya seca en estos recipientes, los cuales iremos abriendo cada tanto para dejarlos respirar y evitar que ese exceso de humedad afecte nuestra producción, así también ayudamos a que los terpenos maduren de forma correcta.

Almacenado y Conservación

Cuando lleguemos al punto óptimo de humedad en nuestra flor y el proceso de curado haya finalizado, nuestras flores deben sentirse secas pero no quebradizas al tacto. Cuando se nos pasa de secado y no queda nada de material vegetal con el porcentaje de humedad anteriormente mencionada, nuestra hierba al momento de molerla se volverá polvo, perderá sabor y potencia. Si está en optimas condiciones ya podemos almacenarla para su posterior consumo.

Es común que algunas personas hagan una segunda manicura dándole una forma más contorneada al cogollo, como nuggets o bolitas. Lo que nos sobre de eso podemos utilizarlo en preparar extractos o utilizarlas para cocinar, pero ese es otro tema.

Dentro de los distintos contenedores que podemos utilizar, el más usado por los cultivadores es el clásico frasco de vidrio con tapa hermética, pero también podemos emplear algún cajón de madera, aunque corremos el riesgo de que se nos pase de secado, porque la madera absorbe humedad. También podemos usar bolsas Ziploc si les quitamos el aire, lo malo es que si las movemos mucho, aplastamos o maniobramos mucho, la weed se comenzará a moler.

También hay quienes utilizan cajas metálicas para conservar su cosecha, aunque también es valido el metal cambiaría un poco el sabor y aroma de nuestros cogollos, por eso el vidrio es una de las mejores opciones para conservarlo, ya que aparte de ser inocuo para nuestra hierba podemos ver como están sin necesidad de abrir el contenedor.

Con un par de meses nuestras flores estarán con un sabor y aroma más maduro y suave, con menos de esa nota vegetal que da la clorofila y con una textura ideal para liarla y fumar, aunque al cabo de un año de curado y guarda alcanzará su clímax. Esta etapa es muy importante porque si la realizas de manera correcta, hasta el cultivo con menos esperanza se puede volver en un producto de gran calidad.

Podemos discrepar en algunos métodos y quizás existan quienes ya tienen su forma propia de llevarla a cabo, pero todos coincidimos en que es una etapa crucial para obtener una buena performance de lo que hemos cosechado y no se debe subestimar, acelerar o descuidar. Paciencia chicos, porque esta vez esperar puede valer la pena.

 

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