Ser PRO: Lo relevantes que son el EC y PH en el autocultivo

En artículos anteriores hemos hablado de los nutrientes primarios, secundarios y oligoelementos que consume la planta de cannabis. Estas sustancias son su comida, pero también hay otros factores a considerar en el proceso de asimilación de estos y que son muy importantes para un desarrollo óptimo de nuestro cultivo tanto en la etapa vegetativa como en la etapa de floración. Estos factores son la electroconductividad y el potencial de hidrógeno, EC y pH respectivamente. Dichos factores son variables, medibles y ajustables, por lo cual es muy importante tener conocimiento y poder medirlos durante los distintos ciclos de la planta para asegurarnos que son óptimos para cada etapa.

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Por Sr. Bigotes

La electroconductividad

Lo primero en lo que ahondaremos será la EC (siglas de electroconductividad), que es la capacidad que tiene un elemento líquido para trasportar la electricidad a través de él. El agua, medio por el cual las plantas se alimentan, tiene presencia de minerales disueltos llamados disoluciones acuosas. Las disoluciones acuosas podrían contener mayor o menor cantidad de elementos del tipo mineral o de sales minerales que van a tener una influencia directa en los niveles de EC que tendrá esta. Si creemos que ‘todas las aguas’ son conductoras de electricidad estamos en un error, porque el agua, al menos por sí sola,  no lo es. Un ejemplo de agua que tiene un EC igual a cero es el agua destilada y si tiene un EC de cero no será conductora de electricidad. Si al agua destilada le agregamos sales minerales, podrá conducir electricidad; estos minerales serán añadidas al agua en forma de minerales o abonos biológicos.

Para conseguir un agua que esté libre de estas impurezas podemos utilizar filtros de osmosis que nos entregarán un agua con valores de EC iguales a cero. La osmosis es cuando tenemos dos soluciones con distintas concentraciones de sales y están divididas por una membrana semipermeable que deja pasar el solvente pero no el soluto.

Si queremos conocer el nivel de EC que tiene el agua que estamos usando en los riegos de nuestro autocultivo, debemos disponer de un medidor de EC. Los mejores son los medidores electrónicos, instrumentos eléctricos compuestos por una sonda y un electrodo que medirá la conductividad que tiene un elemento líquido. Podemos encontrar dos tipos de medidores: los continuos y los discontinuos. Estos últimos generalmente se utilizan cuando necesitamos medir el EC solo en ciertas ocasiones a modo de monitoreo.

Los medidores de tipo continuo medirán permanentemente los niveles de EC. Constan de dos partes, una es la consola donde podemos leer los datos de la lectura de EC, y también tiene una especie de sonda, que es móvil y debemos dejar en el contenedor del líquido; esta sonda transmitirá constantemente la información que recoge del líquido y nos puede enseñar en directo cuantos minerales estamos aportando a la solución.

Los medidores discontinuos son aquellos más portátiles o  de diseños más compactos (tipo de bolsillo) en donde la consola está unida a la sonda, como en los termómetros tradicionales de mercurio.

Las unidades de medición que nos entregarán estos instrumentos pueden ser en milisiemens (o mS por sus siglas) y en partículas por millón o PPM. Los primeros son los más comunes.

Tener un medidor de EC será de vital importancia cuando cultivamos en medios más inertes, como lo son la lana de roca o el coco, ya que todo los elementos útiles para que la planta pueda alimentarse serán aportados por nosotros en cada riego que le demos. Por eso controlar estos niveles nos ayudará a poder entregarle en la medida correcta los nutrientes necesarios para sus distintos ciclos de vida. A diferencia de los sustratos creados para el cultivo de cannabis, que ya vienen con un EC ideal para la planta y se mantendrá así si aplicamos las cantidades correctas de nutrientes a medida que la planta nos lo demande.

También existen los abonos ‘light’. En el caso de que los utilicemos, deberemos aportar nutrientes a la tierra desde el principio del ciclo de la planta y de forma controlada.

Si bien no podemos insertar directamente la sonda del medidor en el sustrato y así medir su EC, podemos utilizar un método para poder obtener el EC presente en el sustrato y saber si hay una sobresaturación de sales o falta de estas. Primero mediremos el EC del agua que estamos utilizando en el riego; esto significa que debemos agregar los abonos que normalmente utilizamos, regamos la planta y, del agua que sale por el drenaje del macetero, tomamos otra medición de EC. Si el EC  del agua drenada es mayor que la del agua que aportamos en el riego, quiere decir que nuestro sustrato está saturado de sales.

Después de esto regaremos con el triple de agua en relación a la capacidad del macetero que estemos utilizando, sin ningún tipo de abono, el mismo proceso parecido al lavado de raíces y con un pH que esté dentro de lo normal. Luego de este lavado de raíces nuevamente tomamos una muestra del EC de el agua que drenó. Si en esta medición el EC está dentro de los parámetros normales, habremos tenido éxito con la lixiviación.

En otros métodos de cultivo, como los hidropónicos o en los de fibra de coco, haremos este lavado de raíces con agua que no tenga abono y posea un pH ya estabilizado. Lo haremos hasta que el nivel de EC en el agua drenada no sobrepase los 2,5 mS. con este método lograremos bajar los índices de EC y entregarle un medio de cultivo más apto para que pueda superar la sobrefertilización que sufrió.

En el caso de los cultivos en tierra, este lavado de raíces lo usaremos cuando los niveles de EC presentes en el agua drenada del macetero sobrepase los 2,4 mS. De esta forma dejaremos el medio de cultivo lo más limpio posible para después volver a alimentar a la planta, pero esta vez con las medidas adecuadas, evitando la acumulación de sales y, por tanto, la sobrefertilización del sustrato.

La importancia de medir el EC y tener un dispositivo para hacerlo es evitar la sobrefertilización y, con ella, la osmosis inversa. La planta de cannabis, al igual que la gran mayoría de plantas, cuenta con un sistema radicular que está encargado de captar los nutrientes o sales minerales y transformarlas en alimento disponible para la planta; las raíces en su mayoría están compuestas por agua y sales, estas concentraciones o proporciones varían según la etapa del ciclo vital en que se encuentre la planta, esto nos dice que los niveles de EC estarán constantemente cambiando durante este tiempo.

Las raíces podrán asimilar bien el alimento cuando el nivel de EC con que cuenta el sustrato sea menor al EC de la raíz. Si sobre fertilizamos el sustrato, el EC que tendrá este será superior al EC de la raíz  y la planta, en estos casos, intentará estabilizar el EC del sustrato liberando agua de las mismas raíces al sustrato para poder nivelar los EC de la tierra y de las raíces para poder seguir alimentándose.

El problema de este mecanismo radica cuando la planta se comienza a deshidratar severamente hasta llegar al punto de morir, cosa que queremos evitar en nuestro preciado autocultivo de cannabis.

Utilizando medidores de EC y entendiendo su importancia en el cultivo, podremos controlar bien la alimentación de la planta y evitar que sufra algún estrés por falta o sobra de nutrientes. Tampoco está de más decir que con una correcta alimentación nuestra producción será mucho mejor.

Los niveles de EC varían según el ciclo de la planta, pero también será diferente para índicas y sativas. Como las plantas sativas tienen ciclos vitales más largos, su alimentación también es progresiva y lenta, y en ese caso el EC será menor en relación a sus hermanas índicas. En las sativas el EC será de 1,7 mS promedio si cultivamos en tierra; en cultivos hidropónicos o de medios más inertes, el  máximo será de alrededor de 1,8 mS. En el caso de cultivar variedades índicas, el EC en el sustrato deberá ser en promedio de 1,9 mS y de hasta 2,2 mS en cultivos hidropónicos.

Un factor que también debemos tener en cuenta es la temperatura del agua: la absorción del alimento por parte de la planta se verá facilitada por la temperatura que tenga la solución; esto quiere decir que hay temperaturas donde la planta puede absorber mejor o peor los minerales aportados en el riego. Una temperatura ideal para esto será entre 18º y 21º Celcius, en estos rangos de temperatura la planta podrá tener el total del alimento disponible para su consumo. Si por ejemplo la temperatura es elevada, supongamos de unos 29º, la oxigenación de esta será mucho menor y el oxigeno es muy importante para la absorción de nutrientes. Con esta temperatura le será muy difícil alimentarse ya que la capacidad de absorción de la planta se verá mermada, las raíces se ‘asfixiarán’ y nuestra mata terminará muriendo. Al igual que el oxígeno, el pH también es un factor importantísimo a tener en cuenta ya que según los niveles de pH que cuente la planta, su sustrato y agua de riego, será posible que varios procesos de asimilación de estos minerales se lleven a cabo.

El rol del PH

La capacidad de solubilidad y absorción de la mayoría de las sustancias están determinadas por el nivel de acidez de estas. Las encimas, que son las que realizan la mayoría de los procesos biológicos de casi todos los organismos vivos, no podrían llevar a cabo sus labores si los niveles de acidez del entorno no son los adecuados.

Para resolver esto debemos averiguar cuál es el PH de nuestro medio de cultivo. El pH (Pondus Hidreginil) es una medida para indicar el nivel de alcanilidad o acidez de una solución. Los valores van en una escala de 0 a 14 donde 7 es el valor neutro: sobre 7 unidades estamos en presencia de una solución alcalina y bajo 7 se refiere a soluciones ácidas. El jugo de limón tiene un pH cercano a 2, lo que lo hace una solución ácida. El agua pura a temperatura ambiente tiene un pH de 7 (es neutra). El cloro (producto de limpieza) es un claro ejemplo de lo contrario, su pH es de 12 a 13, casi al tope de la escala, pero en la naturaleza es mayormente común encontrar un pH de 5,5 que podría ser una medida neutra. Los sustratos de los cultivos, nuestra dermis y otros medios nutritivos son levemente ácidos, el pH en estos casos va de 5 a 6,5 (7 es neutro). La mayoría de las cosas que nos gustan se podrían clasificar como ácidas y para las plantas es lo mismo, ellas prefieren entornos levemente ácidos.

Si la naturaleza se inclina por ambientes que son ligeramente ácidos quiere decir que la acidez es importante en nuestro cultivo, ya que está ligada a la capacidad de absorción y solubilidad de muchos elementos nutritivos y que, además, tendrá una directa influencia en la estructura y descomposición de sustancias orgánicas, como también en la biodiversidad del suelo. También tiene directa inferencia en la eliminación de pesticidas, metales pesados y elementos nutritivos que contenga el suelo.

Los extremos nunca son buenos: un suelo muy ácido es igual de perjudicial que un suelo muy alcalino. El ideal para nuestro cultivo de cannabis variará según la etapa de su ciclo vital y la variedad que estemos cultivando, pero generalmente necesitará mayor acidez al principio y final del cultivo pH 6, durante el ciclo vegetativo será un promedio de 6,5  de pH y en la etapa de floración puede llegar a 6,8 de pH. Cuando el pH del sustrato es demasiado bajo o ácido, las plantas de nuestro cultivo podrían revelar una serie de síntomas.

Idealmente hay que tratar de medir el pH con algún instrumento que haya sido creado para tal fin y corregir los niveles con la mayor exactitud posible, para evitar algún daño irreparable a la planta o simplemente no perder vigor, y en consecuencia, cosecha.

Como los nutrientes necesitan acidez para disolverse, en el caso de un sustrato demasiado ácido estos se disolverán rápidamente y estarán disponibles para la planta en gran cantidad. Esto puede repercutir en un exceso de hierro y magnesio, entre otros. También livixiarlos de la tierra será muy fácil, porque serán arrastrados con cualquier riego, lo que se puede transformar en una carencia de potasio, fósforo y otros oligoelementos como el molibdeno. La falta de magnesio será un problema en lugares de cultivo con bajas temperaturas. La biodiversidad de la tierra se verá afectada terriblemente, será imposible que pueda subsistir algún tipo de microvida benéfica para nuestras plantas, como la trichoderma.

Caso contrario, cuando los niveles del sustrato son muy alcalinos, hay otros síntomas a los que debemos prestarle atención para evitar problemas durante el cultivo de nuestras plantas de cannabis, ya que si los niveles de pH son demasiado altos (sobre 7) la mayoría de los nutrientes que contenga el suelo no se podrán disolver o no será fácil disolverlos y compuestos como el fosfato, hierro y calcio serán eliminados, también la planta no podrá absorber suficiente zinc, boro e incluso cobre, y esto se traducirá en carencias importantes sobre todo para medios de cultivos más húmedos y fríos. La descomposición de las sustancias orgánicas aumentará mucho si el sustrato es arenoso.

La capacidad de amortiguación será un factor crucial para determinar el valor del pH de nuestro sustrato o solución. Un ejemplo es si vertimos un mililitro de ácido en un litro de agua de llave o mineral, este no tendrá incidencia en el pH final del agua, pero si lo hacemos en agua desionizada o desmineralizada, los niveles de pH bajarán demasiado; en este caso el bicarbonato presente en el agua de la llave será el encargado de la amortiguación, ya que se une al ácido en la solución, lo que libera dióxido de carbono en la atmósfera y así el ácido es neutralizado. El bicarbonato es muy importante para mantener los valores de pH entre 5,5 y 7,5. Las fluctuaciones en los niveles de acidez del suelo nunca serán significativos si hay presencia de bicarbonato en el medio de cultivo.

El bicarbonato se consumirá dejando a la solución sin amortiguador si el pH baja de 5,3. Si esto sucede, el pH se volverá muy inestable y se modificará de inmediatamente al adicionarle ácido. Entonces podemos deducir el nivel idóneo de acidez para nuestro cultivo basándonos en la cantidad de bicarbonato que posea el agua. En el caso del agua de llave, podríamos obtener esa proporción en la misma empresa encargada de suministrar el agua potable en nuestro sector.

Nuestro sustrato puede tener una acidez y capacidad de amortiguación basada en cómo está compuesta y en lo frescos que estén los materiales orgánicos que la componen, el calcio y bicarbonato de este determinarán el pH de la solución. Generalmente ocupamos turba o materiales más arenosos para construir nuestro sustrato, y estos suelen ser ácidos; sería muy difícil que hagamos un cambio alarmante en sus niveles de pH si ocupamos fertilizantes y alimentos que sean fabricados para el cultivo de marihuana. Las plantas también tendrán influencia sobre la acidez del sustrato, ya que las raíces segregan sustancias alcalinas o ácidas dependiendo de la etapa dentro del ciclo vital por la que esté pasando, los nutrientes que se encuentren en el suelo, los cambios de temperatura en el sistema radicular y la intensidad de luz que reciban. Es por este motivo que el pH en los sistemas radiculares pueden estar constantemente variando, y lo que lo mantendría dentro de los márgenes adecuados para la planta es una correcta administración de los nutrientes con los que enriquecemos nuestro medio de cultivo. Los niveles de CO2, la microvida en nuestros sustratos o el crecimiento de algas en tanques hidropónicos también podrían afectar la acidez que tendrá nuestro medio de cultivo.

Para medir los niveles de pH necesitaremos un instrumento que haga la lectura. Existen dos formas que son relativamente baratas, el papel tornasol (como los de los comerciales de jabones), que cambiará de color según el nivel de pH que tenga la muestra, y otro que es un equipo de pruebas de pH. Los medidores de pH son más caros pero más precisos, ya que en los métodos anteriores podemos tener un margen de error de hasta 2 puntos de pH.

Para medir los niveles de pH de nuestro suelo tenemos que tomar varias porciones de sustrato del cultivo. Debemos mojar las muestras con abundante agua y colocarlas en un recipiente vacío, a esto debemos agregarle agua desmineralizada (para que no tenga ninguna incidencia en el nivel de pH del sustrato). La proporción es por cada 1 de sustrato hay 1,5 de agua, luego se agita por un momento para que el agua se mezcle con la muestra y lo dejas reposar allí algunas horas. Después debes filtrar esa mezcla para quedarte con la solución sin las impurezas del sustrato pero con el nivel de acidez que este tiene. Luego de eso, usas esta solución en el medidor de pH que estés utilizando y sabrás cuál es el nivel de pH promedio que hay en tu medio de cultivo.

Si nuestro medio de cultivo es un sustrato, los niveles de pH que debería presentar variarán entre los 5,4 y 6,4, este margen es adecuado para el correcto desarrollo del entorno radicular de nuestras plantas. Los efectos devastadores inmediatos se dejarán ver cuando el pH llegue a los 4 o supere los 8. Cuando la acidez del medio está bajo este parámetro, nuestras raíces serán las primeras afectadas. Nuestra planta también puede ser fácilmente envenenada porque metales como el hierro y manganeso podrán ser absorbidos sin dificultad causando necrosis en los tejidos. Si los niveles del pH están entre 7 y 8, no tendremos efectos inmediatos, pero al mediano plazo detectaremos una deficiencia de nutrientes como el fosfato y el manganeso, entre otros, que terminarán por generar clorosis en nuestras matitas.

Cuando los valores de pH en nuestro medio de cultivo no sean los idóneos, debemos tomar medidas y corregirlos. Si la acidez se encuentra entre 5,4 y 6,4, el pH está bien. No corrijas el pH a menos que sea muy necesario y que sus niveles sean demasiado lejanos a los niveles ideales, casos que la planta no pueda revertir por sí sola.

Si durante la etapa de crecimiento necesitas reducir la acidez, solo debes bajar los niveles de acidez de la solución de nutrientes que estés aplicando, esto lo puedes conseguir agregándole acido nítrico. En caso de que quieras hacerlo en la etapa de floración, lo puedes lograr aplicando ácido fosfórico. En caso de que quieras aumentar el pH del sustrato lo puedes hacer con bicarbonato potásico, potasa caustica o comprar Rhizotonic de Canna, que además reparará los daños producidos en el sistema radicular.

Cuando existe una ausencia de bicarbonato, será difícil controlar los niveles de pH, porque el aumento del pH en las raíces también puede ser producido por el aumento del bicarbonato en el medio del cultivo. Para corregir un exceso como este podemos livixiarlo en el drenaje o hacer un enjuague con otra solución más ácida. Cada vez que hagas alguna corrección de pH es bueno hacer una especie de bitácora, anotando los niveles de pH del sustrato antes de tratarlo, de la solución que vas a entregarle y de la repercusión que tuvo el tratamiento, así puedes saber qué tan efectivo fue el tratamiento que aplicaste.

Lo que determina la acidez de una solución es el índice de iones de hidróxido (alcalinol ) y los iones de hidrógeno (ácido). Se pueden generan carencias en los casos en que nuestras plantas tengan que liberar protones para poder absorber estas moléculas. Cuando un medio de cultivo tiene un pH bajo, es porque contiene una gran cantidad de protones; estos elementos son eliminados porque los protones repelen las moléculas del medio en el sustrato.

En caso de que quieras volver más alcalina la solución y elijas ocupar Sosa, debes hacerlo en pequeñas cantidades, ya que la Sosa contiene sodio y el sodio en exceso dañará las plantas. La sosa o carbonato de sodio (Na2CO3) produce los iones de sodio (Na2)  y también iones de carbonato (CO3) cuando se disuelve en el agua: Na2CO3 = 2Na + CO3. Los iones de sodio no tienen influencia en el pH de la solución resultante. Sin embargo, los iones de carbonato  son básicos y crean la solución alcalina aumentando la cantidad de OH: CO3 + H2O = HCO + OH. Aunque si cultivas con agua normal, sustratos normales y nutrientes normales, será muy difícil que el PH de tu cultivo se dispare en algún extremo. Debemos tener algunas nociones básicas de su función en los ciclos vitales de las plantas y corregir alguna anormalidad en el sustrato de nuestro cultivo de cannabis.

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