Expedientes Cáñamo | Alberto Mayol: “La política de drogas es una inconsistencia total”

Alberto Mayol habló con nosotros en la edición 71, marzo de 2013.

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Por Fernando Costa – Fotos: Carlos Rodríguez

Alberto Mayol es investigador, doctor en sociología, licenciado en estética, magister en ciencias políticas y uno de los académicos que más ruido ha hecho en los últimos meses en el país, gracias a libros publicados y diversas apariciones en medios donde se ha atrevido a cuestionar importantes aspectos de la cultura social, política y económica del país.

Por donde se le mire, es un nombre interesante al cual se le debe poner atención, no por su carisma ni elocuencia, más bien por su capacidad de análisis crítico y puntos de vista que permiten una comprensión moderna, más contemporánea, a los actuales procesos de transformación que vive Chile.

En una franca y extensa conversación, proyectamos el ambiente sociopolítico para el 2013, elecciones presidenciales incluidas, así como también le pedimos que nos hablara sobre cómo debemos avanzar en la discusión por la agenda valórica del país.

Partamos hablando de la contingencia. ¿Qué te parece el nivel de abstención que hubo en las municipales?

Lo que pasó en las municipales sólo puede ser explicado en el contexto de un proceso de impugnación que se explicita el año 2011 con el movimiento estudiantil y de ahí para adelante con los movimientos sociales. Durante el 2012 se manifiesta con la incapacidad de las autoridades para llevar la agenda política del país.

Además, sumaría un tercer acto en estas elecciones municipales donde se producen dos fenómenos: por un lado la muy alta abstención y, por el otro, la transformación de las principales características de los procesos de votación. De pronto, nos encontramos en un escenario donde los influyentes o las marcas instaladas no son garantía y los que apostaron más a programas o a posturas originales, lograron tener efecto.

Esta derrota de famosos y marcas instaladas ¿No se deberá más bien a que la gente está descontenta con el gobierno de la derecha?

Hay un factor que tiene que ver con eso, pero el problema es otro. Es que la derecha, de alguna manera, se piteó la institucionalidad. Ese es el gran tema. Tiene que ver con un hecho que los grandes poderes chilenos nunca entendieron, que es como el sino del Padrino, eso de que la mafia que quiere convertirse a lo legal y Michael Corleone, que iba a ser el abogado y senador incluso, termina siendo mucho más duro y asesino que su padre.

Lo que pasó acá en Chile es que, desde la denuncia a los poderes fácticos por parte de Allamand en los noventa, comenzó todo un proceso en el cual se jugó a que la institucionalidad los cubriese, pero sin resolverlos y cuando llegaron al poder, sobre todo el empresariado que es muy intenso, ya no había forma de esconderlos.

Esto se transformó en una especie de aniquilador, de ácido corrosivo que dejó en evidencia algo que era más estructural: el hecho de que la institucionalidad era un deporte, una máscara, un juego, pero que lo importante estaba detrás.

¿Volveremos a la Concertación o va a emerger una tercera fuerza que rompa con el duopolio?

De momento no hay tercera fuerza, eso es un dato. El escenario es fértil para el surgimiento de un tercer tercio, dejar a la Concertación en el centro y tomarse la izquierda es un escenario posible, estructuralmente hablando. Pero requiere de condiciones de coordinación suficientes, de trabajo, de ser capaces de negociar entre quienes piensan distinto.

En la izquierda hay una incapacidad de negociación política muy intensa, una especie de gran purismo que pide pruebas de izquierdización y lealtad basadas en el mayor nivel de atomización y fracaso en tu vida, por lo tanto se hace muy difícil.

Lo normal sería que efectivamente gane la Concertación y sea el último aliento de este proceso, con un desgastado modelo de gestión política cuyo último bastión es Michelle Bachelet, aunque con ella se apela a la emocionalidad, se apuesta a que toda la política puede estar recubierta de esta especie de chocolate emotivo, pero eso no es cierto.

¿Y Golborne o Allamand podrán hacerle mella a Bachelet en las próximas elecciones?

En un escenario más o menos conflictivo, en un año duro como va a ser el 2013, Allamand es un nombre interesante. Golborne no tiene ninguna posibilidad frente a Bachelet, porque es un símil centolla de ella, o sea, fue el esfuerzo por construir una figura semejante desde la derecha, pero no le llega ni a los talones, no tiene el vínculo emotivo.

¿Qué escenario proyectas para el movimiento social para el 2013?

Va a ser un año muy fuerte. Este descontento social vive de procesos de politización, los que serán muy intensos con los 40 años del golpe, el fallo de La Haya, las elecciones presidenciales, el caso Hidroaysén, la carretera eléctrica, la carretera del agua, el caso freirina, el valle del huasco, o sea, se te sumaron todos los elementos y parecen condensarse en el 2013 como punto de anudación.

Ahí hay dos posibilidades: uno es que se use esta energía de modo espasmódico y desintegrado, o la otra es que sea de modo coordinado, profundizado. Si se da el primer caso, vamos a dejar pasar la historia, desperdiciando un momento de estructuración, gastando mucha energía y saliendo derrotados.

Por el contrario, si se logra institucionalizar y profundizar los movimientos sociales para tener capacidad de incidir en la estructuración de la sociedad, en la distribución de poder, habrá una fuerte posibilidad de lograr resultados, incluso sin tener una participación en lo electoral.

Aunque pensar que lo social se mantiene alejado de lo político y así es eficaz, es una estupidez. Ambos son un continuo, lo que pasa es que puedo llegar sin el sistema de partidos existente o tratando de cuestionarlo. Sea como sea, hay que tener una pata en la política, sin perder las patas sociales.

¿Qué opinión tienes de los movimientos vinculados al medio ambiente: Hidroaysen, Freirina, etc.?

Es un paso importante, pero todavía se llaman de medio ambiente porque la explicitación racional es medioambiental, aunque en realidad no son medioambientales, son simplemente un movimiento que tiene que ver, fundamentalmente, con la sensación de abuso por parte de los gigantes que destruyen los entornos, de la monstruosa ejecución de las políticas de desarrollo energético en Chile.

Ese es, para mi gusto, el tema. No somos capaces de construir condiciones de producción capilar de energía, sino que vamos, dejamos la escoba en un lugar y centralizamos la producción. Creo que ese es el factor que está en juego.

¿Sobre el matrimonio homosexual qué opinas?

El matrimonio es muy simple, es un problema jurídico. Es un contrato que regula prestaciones sexuales y relaciones patrimoniales. Todo lo demás que se diga del matrimonio es una estupidez, la familia ni nada, porque eso no lo define. Obviamente los homosexuales lo necesitan, no hay ninguna razón para que no lo haya.

¿Y Sobre el aborto?

Estoy a favor del aborto, pero creo que en este tipo de temas, lo importante es la sociedad. Hay temas de salud pública que me parecen básicos y ahí si el estado tiene que ser muy claro e inflexible.

Creo que frente a este tipo de temas, más de la agenda valórica, se requiere un proceso de democratización, en el cual la discusión se de en el marco de condiciones de información adecuada, con un debate adecuado.

No olvidemos que cuando vino la discusión sobre la píldora del día después, teniendo al principal investigador de ella en la Universidad Católica, hubo una presión sobre él enorme, fue despedido, fue completamente omitido por los medios. Acá necesitamos democracia para que haya una discusión seria. Confío en que el aumento de un espacio público sólido, permitiría que haya una política de aborto adecuada para el país.

Respecto de estas mismas causas, ¿podemos hablar de que la sociedad está mutando a una nueva forma de entender los derechos de las personas?

Creo que la sociedad está cambiando a gran velocidad, lo que pasa es que, en términos de los valores del Chile post-dictadura, venimos de la edad media, entonces claro, nos parece muy lejos el recorrido, pero lo que se ha hecho entre marzo del 2011 y hoy es enorme. Descubrir que discriminábamos a las nanas o a los homosexuales es muy interesante.

No olvidemos que en los años noventa, Francisco Javier Cuadra denunció que en el Congreso había quienes consumían droga, se armó una tremenda batahola y fue expulsado de la clase política, hoy los senadores dicen “yo consumo marihuana y no pasa nada, es divertido”, o sea hay un escenario nuevo.

¿Qué te parece el hecho de que en los ochenta, durante la dictadura, la ley de drogas no castigaba el autocultivo a menos que se presuma una intención de traficar, pero con la Concertación se fueron profundizando las leyes prohibicionistas?

Es que la concertación fue, durante muchos años, muy entreguista con los poderes fácticos, algunos importantes como la iglesia o El Mercurio, que aparecían tratando de avanzar mucho más allá de lo que se había hecho durante el período de Pinochet. Pasa que cuando tienes una dictadura no necesitas institucionalizarlo todo, puedes perseguirlo, sobre todo cuando el problema no es tan grave, no es tan masivo, entonces tú no desarrollas hasta que aparece efectivamente el fenómeno.

La concertación hace lo que quería hacer la dictadura, porque espera a que aparezca el fenómeno, entonces se comportan como un símil de ella, siguiendo la corriente a los poderes fácticos.

¿Qué opinión tienes sobre el consumo de sustancias en general? no me refiero sólo a la marihuana.

La única “restricción” que debe tener asociada, puede hacerse desde el punto de vista de una política más integral de salud pública. Todo lo demás respecto a las drogas me parece que es una tontería. Los mecanismos de restricciones lo único que hacen es mejorar el negocio y transformar a los países en paraísos de lavado de dinero.

Las políticas basadas en represiones valóricas sobre conductas son una estupidez, porque si alguien va a hacer algo, lo va a hacer aunque tú se lo prohíbas. Lo único que se logra es generar un efecto tipo nacionalismo español: Franco persigue a tipos que van a seguir hablando su idioma y lo único que termina generando son nacionalismos mucho más radicalizados.

Hoy hay una respuesta mucho más radicalizada con la constitución de una especie de vida en torno a determinados tipos de sustancias. Lo que tienes que tratar de ver es cuáles son los problemas de salud pública que puedan estar involucrados, determinar cuándo corresponde intervenir, plantear soluciones, políticas de prevención y la dimensión comercial de manera que se evite que la plata pase en negro.

En ese sentido ¿estarías de acuerdo entonces con que haya un regulación de la producción y distribución de sustancias como LSD, cocaína, heroína?

Sí. Todo lo que pase por fuera de la institucionalidad es pésimo y toda institucionalidad que fomenta que las cosas pasen por fuera de ella es pésima.

¿Qué te parece la actual política de drogas de Chile?

Es que no tenemos. La política de drogas es una inconsistencia total, están en contradicciones unas cosas con otras, además deja abierto el campo económico para que haya un trabajo por fuera de lo institucional y un lavado de dinero escandaloso que está, establecido, aceptado, que es parte del uso, que a Impuestos Internos no le importa.

Me parece que en las condiciones actuales en que estamos operando, son pésimas. Esa contracara que tiene que ver con los grandes negocios asociados a la droga, son problemas mayores a que si alguien tiene una plantación en su casa o si está consumiendo LSD.

¿Qué experiencia has tenido tú con drogas, legales o ilegales?

Yo no consumo, nunca lo he hecho. Alcohol si, aunque ahora casi nada, antes, en la universidad cuando uno tendía a quedar muy curado, pero no me gusta la curadera. Eso del placer de estar curado no lo entiendo, para mí siempre ha sido un desagrado.

Ahora, mi experiencia con drogas es intensa desde el punto de vista que en mi entorno se consume bastante, era muy interesante esa presión social de que tienes que fumar o algo. Felizmente, yo he sido bastante antisocial entonces nunca me han afectado esas cosas.

¿Y nunca te llamó la atención? ¿O Tal vez plantas visionarias como el San Pedro o la Ayahuasca?

No, nunca. Lo que pasa es que nunca he sentido la sensación de que así pueda alcanzar alguna experiencia con lo bello o con lo verdadero. Nunca me he sentido interesado en ese tema. No ha sido ni temor, ni miedo ni incomodidad, sino que nunca me ha generado suficiente motivación.

¿Qué piensas de la relación entre el uso de sustancias con fines placenteros?

Me parece sumamente legítimo. Si hay que hacer reivindicaciones en la sociedad actual son las del placer, el problema, mi gran inquietud es cuál es la noción de placer que se está manejando.

¿Vivimos en una sociedad que reprime el placer?

Sí. Pero también vivimos en una sociedad que de repente institucionaliza demasiado ciertas conductas como las placenteras, eso también me molesta. Cuando se dice que el placer es tener un trabajo en el cual uno experimenta no sé qué cosa, o que el placer es vivir en el trópico o andar de viaje o es esto o esto otro, esas definiciones me parecen inadecuadas.

Creo que el placer es algo bastante más interesante, más subjetivo, más construido, no es algo que viene de afuera hacia adentro. Me parece mejor el placer construido, por ejemplo, la lectura no produce placer instantáneo, tú debes construirlo a partir de la lectura, lo mismo pasa con la música, si vas a ver una ópera, tal vez la primera vez no te guste tanto, pero la quinta si y vas entendiendo ciertas cosas. La opción de poder construir el placer es muy importante.

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